LA ACTUACIÓN DEL SNTE ANTE EL PROCESO REFORMISTA EN MÉXICO. Daniel Ambriz Mendoza 

      

     

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    La suerte estaba echada aquél 26 de febrero del 2013, día en que apareció la publicación en el Diario Oficial de la Federación del decreto de reforma a los artículos 3° y 73 de la Constitución Mexicana, el Sistema Educativo daría un giro profundo, de ahí se contarían seis meses posteriores para hacer el recorrido legislativo y se emitieran las dos leyes secundarias, a saber, la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD), la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (LINEE), la reforma a la Ley General de Educación (LGE) y la consecuente alineación de las leyes educativas en las entidades federativas con la participación de los Congresos Locales. Todo se consumó, había consenso cupular en el gobierno y mayoría en ambas Cámaras del Congreso de la Unión.

    Desde ese momento comenzó la lucha del SNTE, el reto era enorme, había una superestructura de Estado alineada con los propósitos del grupo en el gobierno, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación tenía dos opciones ante sus ojos, inmolarse en contra del poder en México o aprovechar la circunstancia como una oportunidad para conservarse al lado de los trabajadores y luchar con visión prospectiva y con inteligencia para preservar los derechos laborales y brindar certeza laboral a sus agremiados; eligió sabiamente la segunda opción y desde ese momento no ha parado en la lucha que lo ha identificado siempre. Todo con un alto grado de dificultad.

    Como el camino a recorrer era político y legislativo empleó todos sus recursos y la capacidad intelectual de sus dirigentes para hacer política de altura, cabildeó en todas las instancias de gobierno y ante el poder legislativo, ahí se auxilió de los diputados aliados logrando enormes modificaciones al proyecto original en la redacción de las nuevas leyes y en la reforma de la LGE, en ese momento, por las condiciones políticas que le eran adversas no logró eliminar la palabra permanencia del texto constitucional del artículo 3° como fue siempre su propósito, pero sí logró que se inscribiera en la fracción III "…con pleno respeto a los derechos constitucionales de los trabajadores de la educación…" El SNTE sabía que iba a necesitar de una asidera para la defensa posterior a favor de los trabajadores. El SNTE logró también que en la LGSPD los docentes en servicio tuvieran tres oportunidades de evaluación en lugar de una y que por el resultado obtenido no perdieran el empleo como lo señalaba la propuesta de texto original. Grandes pasos ante la realidad que se estaba viviendo.

    El SNTE nunca le dio un respiro a la autoridad educativa, desde el primer momento exigió que se cumpliera con lo que la ley señalaba en cuanto a inversión pública para mejorar la infraestructura escolar, la formación, la actualización y la profesionalización docente, el ajuste de planes y programas de estudio, el acompañamiento de calidad en el proceso de evaluación, la interpretación certera de la ley por parte de funcionarios, mejorar los salarios de los docentes y sobre todo, elevar la calidad de la educación que era el propósito fundamental de las reformas. Algunas cosas las logró de manera incipiente debido a las dificultades presupuestarias y por la falta de capacidad y de un alineamiento institucional de las autoridades locales en las entidades federativas, pero nunca se quitó el dedo del renglón.

    Fue en julio del 2016, lo recuerdo muy bien porque me tocó estar en ese encuentro entre el SNTE y la SEP en la Ciudad de México, después de haber pasado la primera experiencia nacional de evaluación del desempeño docente enmarcada en la nueva ley, el SNTE pugnó por una reforma a la LGSPD para eliminar injusticias, ahí volvió a señalar que la permanencia no debía estar vinculada a los resultados de la evaluación, desde ese tiempo hay iniciativas de reforma interpuestas en el Congreso de la Unión a través de los diputados aliados, en tanto eso se diera, logró que el proceso de evaluación se ajustara en tres aspectos fundamentales: 1) Que la evaluación del desempeño docente fuera voluntaria para evitar injusticias en la selección arbitraria que las autoridades locales estaban haciendo, 2) Que la evaluación del desempeño docente fuera de tres etapas en lugar de cuatro integrando la planeación argumentada a lo que ahora es el proyecto escolar y que todo se desarrollara desde la escuela, y, 3) Que todo aquel que decidiera evaluarse fuera capacitado con anticipación por parte de la autoridad local, entre otras cosas, como lo fue también la diversificación de los instrumentos para la evaluación en la aplicación de la etapa tres.

    Todo esto fue gracias a la acción del SNTE y se hizo sin quitarle ni una coma a la LGSPD, el oficio político de sus dirigentes y el carácter unitario de la organización sindical jugaron un papel fundamental para el logro de propósitos trascendentales que ahora le dan vida y vigencia a la organización sindical más poderosa de América Latina. (9 de agosto de 2018).

     

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