LA MISIÓN DE EDUCAR. Daniel Ambriz Mendoza

      

     

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    Inició un nuevo ciclo escolar, y con él, se abrieron las expectativas de todos sus actores, aparentemente pudiera observarse como una actividad sencilla donde basta que cada quien desempeñe con responsabilidad su parte, pero no es así, la acción de educar está sembrada de muchas circunstancias que hacen que el camino sea sinuoso, difícil de caminar, se necesita tener un propósito bien definido y cumplirlo, de lo contrario, en los resultados finales se estarán observando las faltas que cada quien haya cometido.

    Los niños regresan a las aulas con la ilusión de aprender cosas nuevas, de conocer a sus nuevos maestros, de relacionarse con nuevos compañeros, ellos saben que en la escuela dependen de sus maestros, en la casa de sus padres y en la calle de lo que las normas sociales dicten, y es ahí, donde se viven y se demuestran los valores universales que cada quien haya aprendido para vivir en armonía, es la prueba tangible de que tanto la escuela, la familia, el gobierno y demás instituciones están funcionando, en la calle se lleva a cabo el examen final de la labor de educar.

    Los padres de familia son parte fundamental en el proceso educativo de los niños, la escuela nunca podrá sustituir el calor del hogar, ni tampoco podrá sembrar lo que a los padres les compete. Los padres de familia, tienen un papel preponderante en la educación de sus hijos, no basta con llevarlos a la escuela y olvidarse de ellos por un rato, la labor educativa de los padres de familia es la base sobre la cual se impulsa el niño, por eso, debe estar al pendiente de proporcionarle el clima de amor, respeto y comprensión que sus hijos necesitan, debe ser el espejo donde el niño debe mirarse todos los días, debe convertirse en ese primer maestros que guía por el camino del bien, de la productividad y de los valores, debe ser ese hombre o mujer proactivos que se involucren en las tareas escolares, estén al pendiente del comportamiento y le den seguimiento al desempeño escolar de sus hijos. Los padres de familia deben colaborar muy de cerca con sus maestros y con el director de la escuela, solo de esa manera será posible dar un paso más en la consolidación de la actividad educativa en favor de los niños.

    Los maestros vienen a ser el catalizador que provoca el cambio desde las aulas de clase, es un eslabón entre el presente y el futuro de los niños que tiene a cargo, son los depositarios de la confianza de la sociedad y del gobierno, son el alma de una escuela, sin ellos, la función educativa se torna no solo incompleta, sino, además, inexistente y vacía. En los maestros están cifradas las esperanzas de movilidad social de los niños, de ellos mucho depende el escalar en la vida de sus alumnos, todo maestro deja huella, para bien o para mal, en la mente de cada individuo perdura la acción de alguno de sus maestros, y de sus aciertos o de sus errores, penderá el recuerdo que se guarde de ellos. En el enfoque pedagógico de la educación en México el maestro ya no enseña, el maestro de hoy debe favorecer la apropiación de nuevos aprendizajes, fortaleciendo y potenciando competencias que permitan un mejor desempeño en las actividades que se tengan que desarrollar como producto de lo que cada quien está destinado a realizar en el futuro, por eso, el maestro es el facilitador y el gestor del aprendizaje en el aula, eso le obliga a una actualización permanente y a profesionalizarse para estar a la altura de los que sus alumnos necesitan de acuerdo al tiempo que nos ha tocado vivir.

    Por último, el gobierno tiene la obligación de acuerdo al artículo 3° Constitucional de proporcionar una educación de calidad con equidad, y en el afán de lograrlo debe buscar una aplicación equilibrada y escrupulosa del presupuesto educativo, que vaya desde el buen estado físico de las escuelas, hasta el equipamiento de las mismas, así como, la dotación oportuna de los materiales educativos necesarios para que los maestros lleven a cabo su función, sin pasar por alto, el pago oportuno de sus salarios, bonos y demás prestaciones. La vocación de servicio y la preparación inherente para el dominio de su materia de trabajo, son fundamentales en todos los servidores públicos, pero más, en quienes dan la cara y en quienes administran la educación pública en México.

     

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