Discurso en  Foro de Consulta sobre Modelo Educativo. 15 de Agosto de 2016

      

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    La vigencia de las organizaciones humanas y aún la de las personas que la integran, se fundamenta en su capacidad para entender el tiempo y la circunstancia en que actúan. 

    El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación lo ha realizado durante sus más de 70 años, ha sabido adecuarse a los tiempos y a las exigencias que cada una de estas etapas trajo consigo. En todos estos años, México ha contado siempre con la solidaridad y la fuerza del magisterio, con su entrega en las aulas, con su afán educativo y su vocación de enseñar. 

    Desde nuestra fundación y hasta ahora, sostenemos nuestro compromiso con el Artículo 3° Constitucional, con su letra y su espíritu. 

    Un artículo que está arraigado en la historia del país y en la conciencia de los mexicanos, por la nobleza que expresa y la justicia que defiende. Por ello, el SNTE ha defendido y defenderá de manera invariable una educación gratuita y laica a la que obliga este precepto constitucional.

    En el SNTE, tenemos claro de dónde venimos y los desafíos superados en nuestro andar. Es claro que, en todo este tiempo, logramos mantener y hacer viable un proyecto sindical de sólidas bases, unitario, nacional y autónomo; fundamentado en nuestra historia e identidad, y en el largo tránsito de nuestra organización como actor central del cambio social en México.

    Es indiscutible el esfuerzo que hemos brindado por la educación púbica y el compromiso con México. Esto, nos da hoy una visión, un sentido claro de hacia dónde debemos dirigirnos en el futuro, mismo que, está unido al de México.

    Por ello, aquí estamos los maestros de México, organizados desde su sindicato, 124 hombres y  mujeres que representan a un magisterio conocedor de su materia de trabajo. 47 mujeres y 77 hombres, el más joven de 25 años, el mayor de 74 años. Son docentes que día a día desde sus salones de clase evidencian su amor por México.

    Un conjunto de maestras y maestros que representan al magisterio nacional de las 32 entidades federativas, de 57 secciones sindicales, de todos los niveles y modalidades de la Educación Básica y Media Superior; mujeres y hombres cuya preparación profesional es destacada, 24 con grado de doctor, 69 con Maestría, 29 con Licenciatura, 2 con Normal Básica y 1 técnico docente.

    La experiencia docente es diversa en torno a su práctica docente, tenemos entre nosotros: 12 docentes de entre 1 a 10 años de servicio, 31 de entre 10 y 20 años de servicio; 39 de 20 a 30 años de servicio, 42 docentes de más de 30 años de servicio.

    Estos son los verdaderos maestros mexicanos que desde la interacción con sus alumnos y padres de familia, generan un vínculo extraordinario con las comunidades urbanas, rurales e indígenas en donde se desempeñan, desde el conocimiento que tienen de su materia de trabajo, nos brindan sus aportes pero también las críticas pertinentes en aras de mejorar y, por supuesto, con sus propuestas enriquecerán el análisis del Modelo Educativo que se propone.

    De esta forma, respondemos a la convocatoria para este Foro, con el ánimo de construir un gran consenso nacional sobre los rasgos y características de una educación básica y media superior de calidad con equidad.

    Lograrlo es un tema de máxima prioridad nacional puesto que de ella depende la capacidad del país para generar riqueza y establecer una sociedad más justa e igualitaria.

    Reconocemos en la educación el proceso más poderoso para formar un hombre nuevo, capaz de cambiar las estructuras y relaciones sociales, económicas, políticas, científicas y culturales, que representan un obstáculo para el desarrollo.

    Es la forma más eficaz para transformar la vida de las personas, para asegurarle a nuestros niños y jóvenes mejores condiciones de vida y un horizonte de oportunidades, bienestar, desarrollo y superación personal y familiar.

    Coincidimos con todas aquellas voces que sostienen que la educación de calidad con equidad es una tarea colectiva, democrática y plural que requiere del compromiso, la voluntad, emoción y la pasión de todos.

    Garantizar una educación pública, gratuita, laica, inclusiva y con equidad en la escuela básica y media superior, debe ser el  fundamento de una sociedad del conocimiento. 

    Definir con claridad y con un profundo conocimiento de nuestra diversidad y por ende de las distintas realidades de nuestro país, implica construir un perfil de egreso, que contemple el conjunto de rasgos necesarios para que los futuros ciudadanos se incorporen con éxito a la sociedad del conocimiento en y desde sus contextos. 

    Estar inscrito en la escuela no significa estar bien educado. Saber leer, escribir y realizar operaciones básicas, tampoco quiere decir estar suficientemente preparados para participar en una sociedad compleja y diversa, para acceder a un mercado de trabajo competitivo y sofisticado o insertarse exitosamente en la era del conocimiento y los avances tecnológicos. Por lo tanto, es fundamental que esta educación sea de alta calidad y responda a los desafíos del mundo contemporáneo. 

    La reforma educativa, requiere de la participación efectiva de los maestros, directores, supervisores y asesores técnico pedagógicos, porque son quienes más conocen las teorías y prácticas psicopedagógicas.

    Su éxito exige, asimismo, que todas las escuelas tengan a los mejores docentes y directivos. Pero no sólo eso, también es indispensable una infraestructura moderna, materiales didácticos pertinentes, un ambiente adecuado para el aprendizaje…, Nuestro desafío es concretar la calidad educativa desde las aulas y las escuelas.

    La reforma educativa debe contribuir verdaderamente a dignificar las condiciones materiales de las escuelas y empoderarlas. Asimismo, tiene el desafío de resarcir al maestro su papel central en el desarrollo educativo, apoyarlo pedagógicamente, reconocer su labor con un salario e incentivos decorosos, y recuperar el prestigio y reconocimiento social de la función docente.

    Lo señalado, exige la participación entusiasta, decidida y firme de quienes conocen su materia de trabajo: las y los maestros. Este grupo de 124 docentes que hoy están aquí, representan como lo he señalado a los Maestros de México, quienes estamos comprometidos con sus alumnos, y estoy seguro que, al ser involucrados en este análisis, se apropiarán de los usos y potencialidades que nos brinda un modelo educativo orientado a un aprendizaje para toda la vida y que brinde a los niños y jóvenes integrarse de manera exitosa a la sociedad del conocimiento.

    De ahí que, enfatizamos que el mayor valor del nuevo Modelo Educativo debe ser su origen democrático, resultado de un amplio consenso entre los diferentes actores sociales.

    Y, el mérito de la propuesta curricular, debe fundarse en el objetivo de fomentar la construcción de experiencias activas, significativas y atractivas en el aprendizaje, apoyándose en los intereses, talentos, necesidades y bagajes culturales de los estudiantes.

    La consulta que ahora se desarrolla y en la que participamos debe convertirse en una expresión del cambio democrático que México está viviendo, basada en la reflexión colectiva, el acuerdo, la participación, la inclusión y la corresponsabilidad de los diferentes actores, instituciones, organizaciones sociales, académicos e investigadores, vinculados con el tema educativo.

    En una sociedad diversa y plural, la concertación acerca de las políticas educativas permite, por un lado, superar la visión reduccionista según la cual la educación es responsabilidad de un solo actor o grupo; por otro, afianza la continuidad que requiere la aplicación de las estrategias en el corto y mediano plazo; y, finalmente, acota la posibilidad de que un solo actor imponga su concepción e intereses sobre el qué y para qué, los cómo y los cuándos del proceso educativo.

    Bajo esta perspectiva, el proceso de generación de consensos para definir las estrategias de cambio educativo no debe ser una simple variación de método.

    Más allá de esto, es urgente que facilite la efectiva democratización de la organización y funcionamiento del sistema educativo y, en particular, terminar con la verticalidad de la estructura escolar.

    Un componente esencial para el éxito de todo modelo educativo es el desempeño profesional docente. La formación inicial, la actualización, la formación continua y el desarrollo profesional de los maestros debe ser un proceso integral, colaborativo, horizontal y permanente, a efecto de que los maestros perfeccionen sus conocimientos disciplinares, sus saberes pedagógicos y didácticos, y con ello estén en mejores condiciones para responder a las expectativas de los alumnos y los padres de familia.

    Desde esta perspectiva, los docentes tenemos el reto de avanzar en la arquitectura de un nuevo profesionalismo que, explicado brevemente, consiste en la disposición de los maestros a renovar sus aprendizajes y métodos de enseñanza; conducir, planificar y evaluar, individual y colectivamente, su quehacer educativo.

    Si bien lo anterior supone que el aprendizaje profesional permanente en la enseñanza es una obligación y un esfuerzo individual, es también un derecho exigible al Estado Mexicano, por parte de los docentes. Por ello, las autoridades educativas tienen la obligación legal e institucional de proporcionar a los maestros mexicanos los apoyos y las herramientas indispensables que faciliten la evolución de sus conocimientos y competencias disciplinares y sus prácticas pedagógicas.

    Para concretar ese propósito, entre otras condiciones, es impostergable fortalecer y modernizar a las escuelas normales: definir el modelo, el currículum, la selección de los aspirantes a la docencia, las características de los maestros y los recursos financieros suficientes que aseguren la viabilidad de su transformación.

    De igual forma, es necesario reconocer que, uno de los problemas que han impedido el éxito de las reformas educativas llevadas a cabo en todo el mundo, es la influencia que ejercen los intereses políticos, económicos y comerciales, que no conocen a ciencia cierta el funcionamiento del sistema educativo y las escuelas, las formas de aprendizaje de los alumnos o los esfuerzos de los docentes por mejorar constantemente sus métodos y prácticas de enseñanza.

    Ese desconocimiento explica el hecho de que busquen imponer ideas equivocadas o sesgadas sobre los objetivos y el sentido del cambio, con lo cual propician que no se avance en la dirección correcta.

    El SNTE reconoce en su justa dimensión las debilidades del sistema educativo.

    Sin embargo, no compartimos la visión ni las posiciones de quienes todos los días reviven obsesivamente el pasado y se lamentan intensamente del presente, porque con ello difícilmente podremos imaginar y construir un futuro prometedor.

    De cara al porvenir, nuestra apuesta es que el Modelo Educativo que estamos confeccionando a través de este ejercicio de reflexión colectiva, contribuya a que muy pronto tengamos, en todo el país y para todas y todos los mexicanos, magníficas escuelas, sólidos planes de estudio, profesores bien calificados y comprometidos, líderes académicos eficaces, alumnos motivados e interesados por el buen aprendizaje, y padres de familia participativos con la buena educación de sus hijos.

    La educación no debe ser un campo de batallas ideológicas ni disputas políticas. Estamos en una situación extraordinaria, quizá frente a la última oportunidad, para hacer acopio de todos nuestros talentos, experiencias, recursos y capacidad creativa para cambiar la situación actual.

    En el marco de las reflexiones que se viertan sobre el Modelo Educativo, tenemos el reto de usar nuestra inteligencia y sensatez, para no embrollar este proceso de consulta en debates estériles ya superados. Los principios, valores y mandatos del artículo 3º de la Constitución son claros y contundentes: la educación es un derecho, un bien público y es responsabilidad del Estado proveerla a todas y todos los mexicanos.

    El texto constitucional es inequívoco: "el criterio que orienta la educación se basa en los resultados del progreso científico, luchar contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios”.

    Con base en los postulados filosóficos del 3º constitucional, que suscitan el más amplio consenso social, el SNTE reafirma su compromiso con la defensa del carácter público, gratuito, laico y obligatorio de la educación. Además, tenemos la convicción de que el nuevo orden jurídico convierte el derecho a una educación de calidad con equidad, en un derecho humano exigible.

    Refrendamos nuestra decisión de seguir luchando por la defensa, dignificación y fortalecimiento de la educación pública mexicana, por la calidad y equidad educativa, porque estamos seguros que es plenamente compatible con nuestro compromiso irrenunciable de defender y promover los derechos constitucionales de las y los trabajadores de la educación.

    Entendemos por supuesto que el acompañamiento que hacemos deja en claro que los maestros no somos omisos ni comparsa. Los maestros evidenciarán su compromiso y lealtad con México, con la niñez, la juventud y la sociedad en general.

    Señor Secretario, le reitero que, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación tiene claridad, acompañaremos con absoluto respeto y seriedad la discusión y la reflexión. La sociedad, los padres de familia y fundamentalmente nuestros alumnos deben de saber y reiterar que pueden contar con sus maestros para este nuevo momento de la educación.

     ¡POR LA EDUCACIÓN AL SERVICIO DEL PUEBLO!

     

     

     

     

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